Esta receta me la envió mi papá vía email en el año 2000. Acababa de aprender a usar WebTV con el equipo que yo le regalé para su cumpleaños.
Cuando la recibí me causo gracia pues él siempre tuvo quien le cocinara. También me trajo recuerdos de una gran amiga Chilena de mi mamá, Marta. Ella acostumbraba prepararnos las SOPAIPILLAS cuando nos invitaba a su casa a la hora del té. Las servia con chancaca. Nos reíamos muchísimo cuando ella nos explicaba que la chancaca era azúcar sin refinar, algo así como panela.
Hoy comparto la receta y espero que la lean, aunque no la lleguen a probar, pues está muy divertida.

Historia de las sopaipillas
Las sopaipillas son una de las preparaciones más representativas de la gastronomía chilena. Su origen se remonta a la época colonial, cuando las tradiciones culinarias españolas se mezclaron con ingredientes locales como el zapallo, dando origen a esta masa frita tan característica. Con el paso del tiempo, las sopaipillas se consolidaron como una receta popular presente en hogares, fondas y carritos de comida callejera.
Hoy en día las sopaipillas son especialmente populares durante los días fríos y lluviosos, convirtiéndose en una tradición muy querida en todo el país. Se pueden disfrutar de distintas formas: recién fritas con pebre, palta, mostaza o ketchup, o bien pasadas en chancaca para una versión dulce y más tradicional. Incluso existen versiones congeladas o preparadas en freidora de aire para reducir el uso de aceite. Gracias a su sabor y textura crujiente, siguen siendo un emblema de la cocina chilena.

Para la salsa de chancaca
- 1 pan o bloque de chancaca (aprox. 225g a 450g)
- 2 tazas de agua (o hasta 1 a 1.5 litros según qué tan ligera prefieras la salsa)
- 1 ramita de canela
- 3 clavos de olor
- Cáscara de naranja
- 1 cucharada de maicena (almidón de maíz) disuelta en un poco de agua fría [1, 2, 3, 4, 5]

